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La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:
Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre...Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre ( Gn 9:5-6) . El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lev 17:14). La necesidad de esta enseñanza es de todos los tiempos.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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