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El amor de Dios a Israel es comparado al amor de un padre a su hijo (Ose 11:1). Este amor es más fuerte que el amor de una madre a sus hijos (cf. Isa 49:14-15). Dios ama a su Pueblo más que un esposo a su amada (Isa 62:4-5); este amor vencerá incluso las peores infidelidades (cf. Ez 16; Os 11); llegará hasta el don más precioso: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3:16).
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