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Esta práctica de la asamblea cristiana se remonta a los comienzos de la edad apostólica (cf Hch 2:42-46; 1Co 11:17). La carta a los Hebreos dice: «no abandonéis vuestra asamblea, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animaos mutuamente» (Hab 10:25).
La tradición conserva el recuerdo de una exhortación siempre actual: «Venir temprano a la Iglesia, acercarse al Señor y confesar sus pecados, arrepentirse en la oración...Asistir a la sagrada y divina liturgia, acabar su oración y no marchar antes de la despedida...Lo hemos dicho con frecuencia: este día os es dado para la oración y el descanso. Es el día que ha hecho el Señor. En él exultamos y nos gozamos »(Autor anónimo, serm. dom.).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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