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La celebración del domingo observa la prescripción moral, inscrita en el corazón del hombre, de « dar a Dios un culto exterior, visible, público y regular bajo el signo de su bondad universal hacia los hombres» (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 122,4). El culto dominical realiza el precepto moral de la Antigua Alianza, cuyo ritmo y espíritu recoge celebrando cada semana al Creador y Redentor de su pueblo.
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