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El evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús es acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día (cf Mc 1:21; Jn 9:16). Da con autoridad la interpretación auténtica de la misma: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2:27). Con compasión, Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla» (Mc 3:4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios (cf Mt 12:5; Jn 7:23). «El Hijo del hombre es señor del sábado» (Mc 2:28).
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