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En el transcurso de los siglos, la fe de Israel pudo desarrollar y profundizar las riquezas contenidas en la revelación del Nombre divino. Dios es único; fuera de él no hay Dioses (cf. Isa 44:6). Dios transciende el mundo y la historia. El es quien ha hecho el cielo y la tierra: «Ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan...pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años» (Sal 102:27-28). En él «no hay cambios ni sombras de rotaciones» (Stg 1:17). El es «El que es», desde siempre y para siempre y por eso permanece siempre fiel a sí mismo y a sus promesas.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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