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El primer mandamiento prohíbe honrar a Dioses distintos del Unico Señor que se reveló a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera un exceso perverso de religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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