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Con estas palabras comienza el Símbolo de Nicea-Constantinopla. La confesión de la unicidad de Dios, que tiene su raíz en la Revelación Divina en la Antigua Alianza, es inseparable de la confesión de la existencia de Dios y asimismo también fundamental. Dios es Unico: no hay más que un solo Dios: «La fe cristiana confiesa que hay un solo Dios, por naturaleza, por substancia y por esencia» (Catech.R., 1,2,2).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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