1987
La gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, es decir, de lavarnos de nuestros pecados y comunicarnos «la justicia de Dios por la fe en Jesucristo» (Rm 3:22) y por el Bautismo (cf Rm 6:3-4):
Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús ( Rm 6:8-11).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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