1967
La Ley evangélica «da cumplimiento» (cf Mt 5:17-19), purifica, supera, y lleva a su perfección la Ley antigua. En las «Bienaventuranzas» da cumplimiento a las promesas divinas elevándolas y ordenándolas al «Reino de los Cielos». Se dirige a los que están dispuestos a acoger con fe esta esperanza nueva: los pobres, los humildes, los afligidos, los limpios de corazón, los perseguidos a causa de Cristo, trazando así los caminos sorprendentes del Reino.
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