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Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman (cf Rm 8:28-30) y hacen su voluntad (cf Mt 7:21). En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, «perseverar hasta el fin» (cf Mt 10:22; cf Cc de Trento: DS 1541) y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las obras buenas realizadas con la gracia de Cristo. En la esperanza, la Iglesia implora que «todos los hombres se salven» (1Ti 2:4). Espera estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo:
Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin (S. Teresa de Jesús, excl. 15,3).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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