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La esperanza cristiana recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido que tiene su origen y su modelo en la esperanza de Abraham, colmada en Isaac, de las promesas de Dios y purificada por la prueba del sacrificio (cf Gn 17:4-8; Gn 22:1-18). «Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones» (Rm 4:18).
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