1809
La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar «para seguir la pasión de su corazón» (Sir 5:2; cf. 37,27-31). La templanza es también alabada en el Antiguo Testamento: «No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena» (Sir 18:30). En el Nuevo Testamento es llamada «moderación» o «sobriedad». Debemos «vivir moderación, justicia y piedad en el siglo presente» (Tit 2:12).
Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el obrar. Quien no obedece más que a él (lo cual pertenece a la justicia), quien vela para discernir todas las cosas por miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira (lo cual pertenece a la prudencia), le entrega un amor entero (por la templanza), que ninguna desgracia puede derribar (lo cual pertenece a la fortaleza) (S. Agustín, mor. eccl. 1,25,46).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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