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La conciencia buena y pura es iluminada por la fe verdadera. Porque la caridad procede al mismo tiempo «de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera» (1
Tim 1,5; 3,9; 2 Tim 1,3; 1 P 3,21; Hch 24:16). Cuanto mayor es el predominio de la conciencia recta, tanto más las personas y los grupos se apartan del arbitrio ciego y se esfuerzan por adaptarse a las normas objetivas de moralidad (GS 16).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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