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El adiós («a Dios») al difunto es «su recomendación a Dios» por la Iglesia. Es el «último adiós por el que la comunidad cristiana despide a uno de sus miembros antes que su cuerpo sea llevado a su sepulcro» (OE 10). La tradición bizantina lo expresa con el beso de adiós al difunto:
Con este saludo final «se canta por su partida de esta vida y por su separación, pero también porque existe una comunión y una reunión. En efecto, una vez muertos no estamos en absoluto separados unos de otros, pues todos recorremos el mismo camino y nos volveremos a encontrar en un mismo lugar. No nos separaremos jamás, porque vivimos para Cristo y ahora estamos unidos a Cristo, yendo hacia él...estaremos todos juntos en Cristo» (S. Simeón de Tesalónica, De ordine sep).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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