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La acogida de la comunidad. El saludo de fe abre la celebración. Los familiares del difunto son acogidos con una palabra de «consolación» (en el sentido del Nuevo Testamento: la fuerza del Espíritu Santo en la esperanza; cf 1Ts 4:18). La comunidad orante que se reúne espera también «las palabras de vida eterna». La muerte de un miembro de la comunidad (o el aniversario, el séptimo o el trigésimo día) es un acontecimiento que debe hacer superar las perspectivas de «este mundo» y atraer a los fieles, a las verdaderas perspectivas de la fe en Cristo resucitado.
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