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El pueblo elegido fue constituido por Dios como «un reino de sacerdotes y una nación consagrada» ( Ex 19:6; cf Isa 61:6). Pero dentro del pueblo de Israel, Dios escogió una de las doce tribus, la de Leví, para el servicio litúrgico (cf. Nm 1:48-53); Dios mismo es la parte de su herencia (cf. Jos 13:33). Un rito propio consagró los orígenes del sacerdocio de la Antigua Alianza (cf Ex 29:1-30; Lv 8). En ella los sacerdotes fueron establecidos «para intervenir en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados» (Hab 5:1).
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