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«¡Sanad a los enfermos!» (Mt 10:8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida eterna (cf Jn 6:54.58) y cuya conexión con la salud corporal insinúa S. Pablo (cf 1Co 11:30).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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