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Al hacer partícipes a los apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa particularmente en las palabras solemnes de Cristo a Simón Pedro: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16:19). «Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza» (cf Mt 18:18; Mt 28:16-20),« recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (cf Mt 16:19) LG 22).
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