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Por los sacramentos de la iniciación cristiana, el hombre recibe la vida nueva de Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en «vasos de barro» (2Co 4:7). Actualmente está todavía «escondida con Cristo en Dios» (Col 3:3). Nos hallamos aún en «nuestra morada terrena» (2Co 5:1), sometida al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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