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El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: «Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?» (Jn 6:60). La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6:67): esta pregunta del Señor, resuena a través de las edades, invitación de su amor a descubrir que sólo él tiene «palabras de vida eterna» (Jn 6:68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a él mismo.
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