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Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Eze 36:25-27; Joe 3:1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12:12; Jn 3:5-8; Jn 7:37-39; Jn 16:7-15; Hch 1:8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20:22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2:1-4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar «las maravillas de Dios» (Hch 2:11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2:17-18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2:38).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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