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Hecho miembro de la Iglesia, el bautizado ya no se pertenece a sí mismo (1Co 6:19), sino al que murió y resucitó por nosotros (cf 2Co 5:15). Por tanto, está llamado a someterse a los demás (Efe 5:21; 1Co 16:15-16), a servirles (cf Jn 13:12-15) en la comunión de la Iglesia, y a ser «obediente y dócil» a los pastores de la Iglesia (Hab 13:17) y a considerarlos con respeto y afecto (cf 1Ts 5:12-13). Del mismo modo que el Bautismo es la fuente de responsabilidades y deberes, el bautizado goza también de derechos en el seno de la Iglesia: recibir los sacramentos, ser alimentado con la palabra de Dios y ser sostenido por los otros auxilios espirituales de la Iglesia (cf LG 37; CIC can. 208-223; CCEO, can. 675,2).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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