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La Iglesia celebra el Misterio de su Señor «hasta que él venga» y «Dios sea todo en todos» (1Co 11:26; 1Co 15:28). Desde la era apostólica, la Liturgia es atraída hacia su término por el gemido del Espíritu en la Iglesia: «¡Marana tha!» (1Co 16:22). La liturgia participa así en el deseo de Jesús: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros...hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios» (Lc 22:15-16). En los sacramentos de Cristo, la Iglesia recibe ya las arras de su herencia, participa ya en la vida eterna, aunque «aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del Gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (Tit 2:13). «El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!...¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22:17.20).
S. Tomás resume así las diferentes dimensiones del signo sacramental: «Unde sacramentum est signum rememorativum eius quod praecessit, scilicet passionis Christi; et desmonstrativum eius quod in nobis efficitur per Christi passionem, scilicet gratiae; et prognosticum, id est, praenuntiativum futurae gloriae» («Por eso el sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es decir, la pasión de Cristo; es un signo que demuestra lo que sucedió entre nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia; y es un signo que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera», STh III,Ap 60:3).)CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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