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La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser «un pueblo bien dispuesto». Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de Vida nueva que está llamada a producir.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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