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La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2Ti 1:9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiv a del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno con consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16:22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23:43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2Co 5:8; Flp 1:23; Hab 9:27; Hab 12:23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16:26) que puede ser diferente para unos y para otros.
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