Santiago 1
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la dispersión.
2Considerad, hermanos míos, como un gran gozo el veros rodeados de diversas pruebas,
3sabiendo que la puesta a prueba de vuestra fe produce paciencia,
4para que la paciencia tenga su exacto cumplimiento, de forma que seáis perfectos e íntegros, sin faltar en nada.
5Si le falta sabiduría a alguno de vosotros, que la pida a Dios y se la dará, pues a todos da con generosidad y sin reproche.
6Pero ha de pedirla con fe, sin vacilar, pues el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido y sacudido por el viento.
7Por tanto, un hombre así no piense en recibir nada del Señor:
8es hombre de doble intención e inconstante en todos sus caminos.
9El hermano de condición humilde, gloríese en su exaltación,
10y el rico, en su humillación, porque pasará como flor de heno.
11Salió el sol abrasador y secó el heno, se marchitó la flor y desapareció su belleza; así también se marchitará el rico en sus empresas.
12Bienaventurado el hombre que sufre la tentación, porque tras la prueba recibirá la corona de vida que ha prometido Dios a los que le aman.
13Ninguno diga cuando es tentado: «Soy tentado por Dios», pues Dios no es tentado por los males, ni tienta a nadie.
14Cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que le arrastra y seduce.
15Después, cuando la concupiscencia ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.
16No os engañéis, hermanos míos queridos.
17Toda dádiva buena y todo don perfecto vienen de lo alto, del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de mudanza.
18Nos ha engendrado por su propia voluntad con la palabra de la verdad, para que fuesemos como las primicias de sus criaturas.
19Sabed, hermanos míos queridos, que cada uno ha de ser diligente en escuchar, pero tardo para hablar y lento para la ira,
20pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
21Por eso, desechad toda inmundicia y abundancia de maldad, y recibid con docilidad la palabra que, sembrada en vosotros, puede salvar vuestras almas.
22Sed, pues, ejecutores de la palabra y no os conforméis con oírla solamente, engañándoos a vosotros mismos.
23Porque si alguno se conforma con oír la palabra y no la practica, es semejante al hombre que contempla su rostro natural en un espejo;
24se contempla y se va, y en seguida se olvida de cómo era.
25Sin embargo, quien considera con atención la ey perfecta de la libertad y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino como ejecutor de la obra, será feliz practicándola.
26Si alguno piensa que es religioso, pero no controla su lengua sino que engaña a su corazón, su religión es vana.
27La religión pura e inmaculada ante Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y guardarse limpio de este mundo.