Marcos 2
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Pasados unos días, entró de nuevo en Cafarnaúm, y se corrió la voz de que estaba en casa.
2Y tantos se reunieron que ni ante la puerta cabían. Y les predicaba la palabra.
3Vinieron entonces a traerle un paralítico, que era llevado entre cuatro.
4Y, al no podérselo presentar por causa de la mucha gente, levantaron el tejado por donde él estaba; y haciendo un boquete, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico.
5Después de ver Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados son perdonados».
6Había allí sentados algunos de los escribas que pensaban para sí:
7«¿Cómo habla este así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?»
8Al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que discurrían en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?
9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados son perdonados”, o decir: “Levántate, toma tu camilla y anda”?
10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados —le dice al paralítico—,
11a ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
12Se levantó, tomó en seguida la camilla y salió a la vista de todos, de manera que todos quedaron maravillados y glorificaban a Dios diciendo: «¡Jamás vimos cosa igual!»
13De nuevo salió por la orilla del mar. Y toda la gente acudía a él y les enseñaba.
14Al pasar, vio a Leví el de Alfeo, sentado en la oficina de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió.
15Y sucedió que estando a la mesa en casa de este, coincidieron también muchos publicanos y pecadores a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
16Los escribas y los fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
17Al oírlo Jesús, les dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
18Estando ayunando los discípulos de Juan y los fariseos, vienen y le dicen: «¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
19Jesús les dijo: «¿Acaso pueden ayunar los invitados a las bodas mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo que tengan con ellos al esposo no pueden ayunar.
20Pero vendrán días en que el esposo les será arrebatado; ya ayunarán entonces, en aquel día.
21Nadie cose un trozo de paño nuevo a un vestido viejo, pues el remiendo nuevo tiraría de lo viejo y el roto se haría mayor.
22Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos pues el vino rompería los odres y se perderían vino y odres, sino vino nuevo en odres nuevos».
23Un sábado que cruzaba él por entre los sembrados, al pasar sus discípulos comenzaron a cortar espigas.
24Los fariseos le decían: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
25Y les respondió: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los que con él estaban?
26¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la proposición, que solo pueden comer los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él?»
27Y les decía: «El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre par el sábado.
28Por esto el Hijo del hombre es también señor del sábado».