Marcos 16
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a ungirlo.
2Muy de mañana, el primer día de la semana, llegan al sepulcro, ya salido el sol.
3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos rodará la piedra de la puerta del sepulcro?»
4Al mirar, vieron la piedra removida; ciertamente era muy grande.
5Entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con un manto blanco, y se asustaron.
6Él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Mirad el lugar donde lo pusieron.
7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él irá delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».
8Saliendo, huyeron del sepulcro, pues quedaron sobrecogidas de temblor y espanto; y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.
9Habiendo resucitado en la madrugada del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios.
10Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos.
11Pero ellos, al oír que vivía y que ella lo había visto, no creyeron.
12Después de esto se apareció, bajo otra forma, a dos de ellos que iban de camino a una aldea.
13También ellos volvieron a dar la noticia a los demás, pero tampoco les creyeron.
14Por último, se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprendió su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado.
15Y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.
16Quien crea y sea bautizado, se salvará; pero quien no crea, se condenará.
17A los que crean acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas,
18tomarán serpientes y, si beben algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados».
19Así, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, se elevó al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
20Ellos partieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor y confirmando su palabra con las señales que la acompañaban.