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Marcos 13

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué edificios».

2Y Jesús le responde: «¿Ves esas grandes edificaciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea destruida».

3Al sentarse en el monte de los Olivos, enfrente del Templo, le preguntaron aparte Pedro, Santiago, Juan y Andrés:

4«Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas, y cuál es la señal de que todo esto comienza a cumplirse?»

5Entonces Jesús comenzó a decirles: «Mirad, que nadie os engañe.

6Muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, y seducirán a muchos.

7Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis: es necesario que eso suceda, pero todavía no es el fin.

8Pues se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino; habrá terremotos en diversos lugares y habrá hambres. Esto es el comienzo de los dolores.

9Vosotros, sin embargo, estad alerta. Os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis por mi causa ante los gobernadores y los reyes, para que deis testimonio ante ellos.

10Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todas las gentes.

11Y cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, sino decid lo que se os comunique en aquella hora: pues no sois vosotros los que habláis sino el Espíritu Santo.

12El hermano entregará entonces a la muerte a su hermano, y el padre al hijo, y se levantarán los hijos contra los padres, y los harán morir.

13Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará».

14«Por tanto, cuando veáis establecida la abominación de la desolación donde no debe —quien lea, entienda—, entonces quienes estén en Judea, huyan a los montes;

15quien esté en la terraza, no baje ni entre a tomar nada en su casa;

16y quien esté en el campo, no regrese para tomar su manto.

17¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!

18Orad para que no suceda esto en invierno:

19pues aquellos días serán de una angustia tan grande como no la hubo desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahora, ni la habrá.

20Y si el Señor no acortase aquellos días, nadie se salvaría; pero por los escogidos que él se eligió, ha abreviado los días.

21Entonces si alguien os dice: “Mirad, aquí está el Cristo, o está allí”, no lo creáis.

22Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, a los elegidos.

23Mas vosotros estad alerta, pues os he prevenido de todo».

24«Pero en esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no alumbrará.

25Las estrellas del cielo caerán y las potestades de los cielos se tambalearán.

26Entonces verán al Hijo del hombre que llega entre nubes con gran poder y gloria.

27Y en ese momento, enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo de la tierra hasta el extremo del cielo».

28«Aprended la parábola tomada de la higuera. Cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está próximo.

29Así también vosotros; cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está ya cerca, a la puerta.

30Os lo aseguro: no pasará esta generación sin que todo esto suceda.

31El cielo y la tierra pasarán.

32Mas acerca de aquel día y hora, nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino el Padre».

33«Estad atentos, vigilad, porque no sabéis cuándo será el momento.

34Es como un hombre que al marcharse lejos, dejó su casa y dio atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y encargó también al portero que velase.

35Velad, pues, porque no sabéis cuándo volverá el señor de la casa, si por la tarde, a la media noche, o al canto del gallo, o de madrugada;

36no sea que, llegando de repente, os encuentre dormidos.

37Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»

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