Lucas 15
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Se acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle.
2Pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».
3Entonces les propuso esta parábola:
4«¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va en busca de la perdida hasta que la encuentra?
5Y cuando la encuentra, la pone gozoso sobre sus hombros;
6y, al llegar a casa, llama a los amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido”.
7Os lo aseguro: del mismo modo habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia».
8«O, ¿qué mujer si tiene diez dracmas y pierde una, no enciende una luz y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
9Y al encontrarla, llama a las amigas y vecinas diciendo: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido”.
10Os aseguro que del mismo modo se alegrarán los ángeles de Dios por un solo pecador que haga penitencia».
11Y añadió: «Un hombre tenía dos hijos.
12El más joven dijo a su padre: “Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde”. Y les repartió la hacienda.
13A los pocos días, el hijo menor, reuniéndolo todo, se marchó a un país lejano, donde malgastó su fortuna viviendo con desenfreno.
14Cuando lo hubo gastado todo se declaró un hambre extrema en aquella región y comenzó a pasar necesidad.
15Fue y se ajustó con un hombre de aquel país, que le mandó a su hacienda a guardar cerdos.
16Deseaba saciar su hambre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
17Recapacitó y se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo aquí me muero de hambre.
18Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
19Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros”.
20Se levantó y fue hacia su padre. Cuando todavía estaba lejos, lo vio su padre y, lleno de compasión, corrió a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
21Le explicó el hijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo”.
22Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor vestido y ponédselo; ponedle un anillo en su mano y sandalias en sus pies.
23Traed el ternero cebado y matadlo; comamos y celebremos fiesta:
24porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzaron a festejarlo.
25El hijo mayor estaba en el campo; y al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la música y los cánticos,
26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué pasaba.
27Este le dijo: “Ha llegado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado por haberle recobrado sano”.
28Se enfadó y no quería entrar, pero su padre salió y trató de convencerlo.
29Él contestó a su padre: “Ya ves cuántos años que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya y nunca me has dado un cabrito para festejarlo con mis amigos.
30Y ahora que ha llegado ese hijo tuyo, que disipó tu fortuna con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
31Pero él respondió: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
32Convenía festejarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”».