Judas 1
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago, a los que han sido llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo.
2Para vosotros la misericordia, la paz y la caridad colmadas.
3Carísimos, teniendo mucho interés en escribiros sobre nuestra común salvación, me he visto en la necesidad de hacerlo para animaros a luchar por la fe transmitida a los santos de una vez para siempre.
4Pues se han introducido de soslayo entre vosotros algunos que desde antiguo habían sido señalados para este juicio; impíos, que convierten la gracia de nuestro Dios en afán de placeres, negando así a nuestro Dueño y Señor Jesucristo.
5Quiero advertiros a vosotros que conocéis todas estas cosas, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, hizo perecer después a los que no creyeron;
6pero a los ángeles, que no conservaron su principado sino que abandonaron su morada, los ha reservado con vínculos eternos bajo tinieblas para el juicio del gran día.
7Lo mismo que Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas —que de modo semejante se prostituyeron y corrieron tras un uso innatural del cuerpo— son puestas como ejemplo al padecer el castigo del fuego eterno.
8De igual modo, estos también, delirando, manchan su cuerpo, menosprecian el Señorío y blasfeman de las Glorias.
9Sin embargo, el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo y le disputaba el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él un juicio blasfemo, sino que dijo: «El Señor te reprenda».
10Pero estos blasfeman incluso de las cosas que ignoran, y se corrompen en lo que conocen por instinto, como las bestias.
11¡Ay de ellos, porque han tomado el camino de Caín, y por una recompensa se han precipitado en el extravío de Balaam y han perecido en la rebelión de Coré!
12Estos son quienes manchan vuestros ágapes, alternando desvergonzadamente y apacentándose a sí mismos; nubes sin agua llevadas por los vientos; árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz;
13Olas de un mar fiero, que lanzan las espumas de sus desvergüenzas; estrellas errantes a quienes se reserva la oscuridad de las tinieblas para la eternidad.
14Henoc, el séptimo después de Adán, ya profetizó de ellos, diciendo: «Mirad, el Señor viene entre sus santas miríadas,
15para ejercer un juicio contra todos y acusar a todo viviente de las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que pronunciaron contra él los pecadores impíos».
16Estos son unos murmuradores, partidarios de querellas, arrastrados por sus pasiones, cuya boca habla con soberbia, y adulan a las personas buscando su propio interés.
17En cambio vosotros, carísimos, acordaos de las palabras predichas por los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo,
18que decían: «En los últimos tiempos aparecerán embaucadores que vivirán según su pasiones impías».
19Estos son quienes fomentan divisiones, viven vida animal y no poseen el Espíritu.
20Pero vosotros, carísimos, cimentándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo,
21conservad en vosotros el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna.
22A unos, a los que andan en discusiones, tratadlos con comprensión;
23a los otros, salvadlos del fuego tomándolos a la fuerza; a los demás, compadecedles con cautela, detestando hasta la túnica contaminada por su cuerpo.
24Al que puede guardaros inmunes de pecado y presentaros sin tacha ante su gloria con alegría,
25al único Dios, Salvador nuestro por Jesucristo, Nuestro Señor, la gloria, la majestad, la soberanía y la potestad antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén.