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Hechos 7

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1El sumo sacerdote preguntó: «¿Es esto así?»

2Él respondió: «Hermanos y padres, escuchad: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes de que habitase en Jarán

3y le dijo: “Sal de tu tierra y de tu familia, y ve a la tierra que te mostraré”.

4Salió entonces de la tierra de los caldeos y habitó en Jarán. De allí, después de la muerte de su padre, lo trasladó a esta tierra en que vosotros habitáis ahora,

5y no le dio de ella en heredad ni siquiera la medida de la planta del pie; pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía hijos.

6Dios le habló así: “Tu descendencia será peregrina en tierra extranjera, y los esclavizarán y maltratarán durante cuatrocientos años;

7pero a la nación que sirvan la juzgaré yo, dijo Dios, y después de esto saldrán y me adorarán en este lugar”.

8Entonces les dio la alianza de la circuncisión; y así engendró a Isaac, al que circuncidó al octavo día, e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

9Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron para Egipto. Pero Dios estaba con él

10y lo libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría ante el Faraón, rey de Egipto, que lo hizo gobernador de Egipto y de toda su casa.

11Sobrevino entonces sobre todo Egipto y Canaán hambre y gran tribulación, y nuestros padres no encontraban alimentos.

12Pero al oír Jacob que en Egipto había trigo, envió por primera vez a nuestros padres.

13La segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y así conoció el Faraón el linaje de José.

14Entonces, José envió a buscar a su padre Jacob, y a toda la familia, formada por setenta y cinco personas.

15Y bajó Jacob a Egipto. Allí murió, como también nuestros padres;

16y fueron trasladados a Siquem y colocados en el sepulcro que compró Abraham a precio de plata a los hijos de Emmor en Siquem.

17Conforme se acercaba el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, creció el pueblo y se multiplicó en Egipto,

18hasta que reinó sobre Egipto otro rey que no sabía nada de José.

19Este, engañando con astucia a los de nuestra raza, maltrató a los padres hasta obligarles a abandonar a sus hijos para que no sobreviviesen.

20En este tiempo nació Moisés, que fue agradable a Dios. Criado durante tres meses en casa de su padre,

21fue abandonado y recogido por la hija del Faraón, que lo crió como su propio hijo.

22Así Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios, y fue poderoso en palabras y obras.

23Cuando llegó a la edad de cuarenta años, sintió ganas de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.

24Y al ver que uno de ellos era maltratado, salió en su defensa y vengó al oprimido, matando al egipcio.

25Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios les daría la salvación por medio de él; pero ellos no lo entendieron.

26Al día siguiente se les presentó mientras reñían y trató de reconciliarlos, diciendo: “Hombres, sois hermanos: ¿por qué os maltratáis uno a otro?”

27Pero el que maltrataba a su compañero lo rechazó diciendo: “¿Quién te ha constituido jefe y juez sobre nosotros?

28¿Acaso quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?”

29A causa de estas palabras huyó Moisés, y fue como extranjero en la tierra de Madiam, donde tuvo dos hijos

30Cuarenta años después se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía.

31Moisés se maravilló al ver la visión, y cuando se acercaba para verla mejor, se oyó la voz del Señor:

32“Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Moisés, asustado, no se atrevía a mirar.

33El Señor le dijo entonces: “Quítate el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.

34Miré y he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto; he oído sus gemidos y he bajado a liberarlo. Y ahora ven, que te enviaré a Egipto”.

35A este Moisés, a quien rechazaron diciendo: “¿Quién te ha constituido jefe y juez?”, a ese, Dios lo envió como jefe y libertador por medio del ángel que se le apareció en la zarza.

36Él los sacó, haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.

37Este es el Moisés que dijo a los hijos de Israel: “Dios os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo”.

38Este es quien estuvo en la asamblea del desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para transmitírnoslas;

39a quien no quisieron obedecer nuestros padres, sino que lo rechazaron, y, volviéndose en sus corazones a Egipto,

40dijeron a Aarón: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque ese Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos qué ha sido de él”.

41Hicieron por aquellos días un becerro y ofrecieron un sacrificio al ídolo y se alegraron con las obras de sus manos.

42Dios se apartó de ellos y les dejó que dieran culto a la milicia del cielo, como está escrito en el libro de los Profetas: “¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto durante cuarenta años, casa de Israel?

43Os llevasteis la tienda de Moloc y la estrella de vuestro dios Refam, las figuras que hicisteis para adorarlas. Pero yo os desterraré más allá de Babilonia”.

44El Tabernáculo del testimonio estuvo con nuestros padres en el desierto, tal como ordenó el que dijo a Moisés que lo hiciera, según el modelo que vio.

45Habiéndolo recibido nuestros padres, lo introdujeron, bajo Josué, en la tierra de los gentiles, a los que Dios expulsó en presencia de nuestros padres hasta los días de David,

46quien halló gracia ante Dios y pidió encontrar un tabernáculo para la casa de Jacob.

47Luego Salomón le edificó la casa.

48Sin embargo, el Altísimo no habita en obras hechas por manos de hombres, como dice el Profeta:

49“El cielo es mi trono y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis, dice el Señor, o cuál será el lugar de mi descanso?

50¿No ha hecho mi mano todas estas cosas?”

51Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos. Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo; como vuestros padres, también vosotros.

52¿A qué profeta no han perseguido vuestros padres? Mataron también a los que anunciaban la venida del Justo, del que vosotros ahora os habéis hecho traidores y asesinos;

53vosotros que recibisteis la Ley por ministerio de ángeles, y no la habéis guardado».

54Al oír esto, ardían de rabia en sus corazones y rechinaban los dientes contra él.

55Pero él, lleno del Espíritu Santo, mirando al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios,

56y dijo: «Mirad, veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

57Entonces gritando con fuerza, se taparon los oídos y se arrojaron todos a una contra él;

58y sacándole fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos dejaron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.

59Y apedreaban a Esteban, que oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

60Luego, puesto de rodillas, gritó con gran voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y dicho esto, se durmió.

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