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Hechos 17

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Atravesando Anfípolis y Apolinia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.

2Según su costumbre, Pablo entró a verles, y durante tres sábados discutió con ellos sobre las Escrituras,

3mostrando y probando que Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos; y decía: «Este es el Cristo, Jesús, a quien yo os anuncio».

4Algunos de ellos quedaron convencidos y se unieron a Pablo y Silas, así como un gran número de griegos temerosos de Dios, y no pocas mujeres nobles.

5Pero los judíos, llenos de envidia, echaron mano de algunos maleantes de la calle, armaron alboroto y perturbaron la ciudad. Se presentaron en casa de Jasón, buscándolos para llevarlos ante el pueblo.

6Al no encontrarlos, condujeron a Jasón y a algunos hermanos ante los jefes de la ciudad, gritando: «Estos, que perturban al mundo entero, también se han presentado aquí,

7y Jasón los ha recibido. Todos ellos actúan contra los decretos del Cesar, y afirman que hay otro rey, Jesús».

8Al oír esto, la plebe y los jefes de la ciudad se alborotaron.

9Pero al recibir una fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.

10En seguida, por la noche, los hermanos enviaron a Pablo y a Silas hacia Berea; ellos, al llegar, se fueron a la sinagoga de los judíos.

11Eran estos más nobles que los de Tesalónica, y recibieron la palabra con todo interés, examinando a diario las Escrituras para ver si las cosas eran así.

12Creyeron muchos de ellos; y, entre los griegos, mujeres distinguidas y no pocos hombres.

13Pero cuando se enteraron los judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada por Pablo la palabra de Dios, fueron también allí a agitar y a alborotar a la gente.

14Entonces, los hermanos hicieron partir a Pablo a toda prisa hacia el mar, mientras Silas y Timoteo se quedaban allí.

15Los que acompañaban a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el recado para Silas y Timoteo de que fueran con él lo antes posible.

16Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se consumía en su espíritu al ver la ciudad llena de ídolos.

17Conversaba en la sinagoga con los judíos y con los que temían a Dios; y en la plaza, a diario, con los que andaban por allí.

18Algunos filósofos epicúreos y estoicos también conversaban con él. Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán?» Otros, en cambio: «parece un predicador de divinidades extranjeras», porque anunciaba a Jesús y la resurrección.

19Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: «¿Podemos saber cuál es la doctrina nueva que enseñas?

20Pues te oímos decir cosas extrañas, y nos gustaría saber qué significan».

21Pues los atenienses y todos los extranjeros que vivían con ellos no se entretenían sino en decir o en oír la última novedad.

22Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, en todo os veo como los más religiosos.

23Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues al que sin conocer adoráis es al que yo os anuncio.

24El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por la mano del hombre,

25ni es servido por manos humanas, como si le faltara algo, el que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.

26Él hizo, de un solo hombre, todo el género humano, para que habitase sobre toda la superficie de la tierra, determinando los tiempos y los límites de su morada,

27para que busquen a Dios, a ver si a tientas lo encuentran, aunque no está lejos de cada uno de vosotros.

28Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vuestros poetas: “Pues somos de su linaje”.

29Si somos, por tanto, linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad es semejante al oro, a la plata o a la piedra, vestigio del arte y del ingenio del hombre.

30Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, avisa ahora a los hombres que se conviertan todos y en todas partes,

31porque ha fijado el día en el que ha de juzgar la tierra con justicia por medio del hombre al que ha destinado para ello, dando fe ante todos al resucitarle de entre los muertos».

32Cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: «Ya te oiremos sobre esto en otra ocasión».

33Así salió Pablo de en medio de ellos.

34Algunos, sin embargo, se adhirieron a él y creyeron, entre los cuales se encontraban Dionisio Areopagita y una mujer llamada Damaris, y algunos otros con ellos.

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