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Hechos 15

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Algunos que bajaron de Judea enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis según el rito de Moisés, no os podéis salvar».

2Se produjo con esto una controversia y discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé, con algunos otros de entre ellos, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y presbíteros.

3Ellos entonces, despedidos por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría contando la conversión de los gentiles y produciendo con ello una gran alegría en todos los hermanos.

4Al llegar a Jerusalén, fueron recibidos por la Iglesia, los Apóstoles y los presbíteros, y les contaron cuanto Dios había hecho con ellos.

5Se levantaron entonces algunos de los que habían creído de la secta de los fariseos, y dijeron: «Es necesario que los gentiles se circunciden y se les mande guardar la ley de Moisés».

6Los Apóstoles y presbíteros se reunieron para tratar este asunto.

7Después de producirse una viva discusión se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca los gentiles oyesen la palabra del Evangelio y creyesen.

8Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en su favor, dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros;

9y no hizo diferencia alguna entre ellos y nosotros, purificando con la fe sus corazones.

10¿Por qué entonces tentáis ahora a Dios imponiendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido sobrellevar?

11Pero por la gracia del Señor Jesús, creemos que nos salvamos del mismo modo que ellos».

12Toda la asamblea calló y escuchaba a Bernabé y a Pablo, que relataban las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.

13Cuando ellos callaron, habló Santiago y dijo: «Hermanos, escuchadme.

14Simón ha contado cómo intervino Dios desde el principio para hacerse de entre los gentiles un pueblo para su nombre.

15Con esto concuerdan las palabras de los Profetas, según está escrito:

16“Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que estaba caída, y reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar.

17Para que el resto de los hombres busque al Señor y todas las naciones sobre las que se ha invocado mi nombre, dice el Señor que hace estas cosas,

18conocidas desde la eternidad”.

19Por esto juzgo yo que no debe inquietarse a los gentiles que se convierten a Dios,

20sino escribirles para que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la fornicación, de animal estrangulado y de la sangre.

21Pues Moisés, desde antiguo, tiene en cada ciudad quienes le predican, leyéndole todos los sábados en las sinagogas».

22Entonces acordaron los Apóstoles y presbíteros, con toda la Iglesia, elegir algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres destacados entre los hermanos,

23escribiendo por su mano: «Los Apóstoles y presbíteros, hermanos, saludan a los hermanos procedentes de los gentiles, los que están en Antioquía, Siria y Cilicia.

24En cuanto hemos oído que algunos de los nuestros, sin nuestro mandato, os han perturbado con sus palabras y han trastornado vuestro ánimo,

25hemos decidido de común acuerdo elegir a algunos hombres y enviarlos a vosotros, con nuestros queridos Bernabé y Pablo,

26hombres que han entregado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

27Os enviamos, pues, a Judas y a Silas, que os anunciarán esto mismo de palabra.

28Porque ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros más cargas que estas necesarias:

29que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de animal estrangulado y de la fornicación. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós».

30Ellos después de despedirse, bajaron a Antioquía, donde reunieron a la muchedumbre y entregaron la carta.

31En cuanto la leyeron se alegraron por esta nota de consuelo.

32Judas y Silas, que eran también profetas, consolaron y alentaron a los hermanos con una larga charla.

33Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a quienes los habían enviado.

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35Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando y evangelizando, en compañía de otros muchos, la palabra del Señor.

36Después de algunos días, dijo Pablo a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en que predicamos la palabra del Señor, para ver cómo les va».

37Bernabé quería tomar consigo a Juan, el llamado Marcos.

38Pablo, en cambio, estimaba que no debían tomar consigo al que les había dejado en Panfilia y no les había acompañado en la obra.

39Se produjo una discusión, y acabaron por separarse uno del otro: Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó con destino a Chipre;

40Pablo, por su parte, eligió a Silas, y partió, encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.

41Recorrió Siria y Cilicia, confirmando las Iglesias.

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