Hechos 10
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Vivía en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica,
2piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia; daba este muchas limosnas al pueblo y oraba de continuo a Dios.
3Hacia la hora nona vio claramente en una visión al ángel de Dios, que se le presentó y le dijo: «¡Cornelio!»
4Él lo miró fijamente y, sobrecogido, contestó: «¿Qué sucede, Señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas subieron como memorial a la presencia de Dios.
5Ahora envía hombres a Jope, y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro.
6Este se hospeda con un tal Simón, curtidor, cuya casa está junto al mar».
7En cuanto se fue el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso, de los que le servían;
8y, explicándoselo todo, los mando a Jope.
9Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea hacia la hora sexta, para orar.
10Sintió hambre y quiso comer algo. Mientras se lo preparaban, tuvo un éxtasis;
11y vio el cielo abierto y que un objeto descendía hacia la tierra, como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas.
12En él había toda clase de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.
13Una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come».
14Pedro contestó: «De ningún modo, Señor, porque jamás comí cosa profana e impura».
15La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro».
16Esto se repitió por tres veces. Luego el objeto se elevó al cielo.
17Mientras Pedro, perplejo, pensaba qué podría significar la visión que acababa de tener, he aquí que los hombres enviados por Cornelio, tras averiguar dónde estaba la casa de Simón, se presentaron a la puerta.
18Llamaron para informarse si se hospedaba allí Simón, el llamado Pedro.
19Pensaba todavía Pedro en la visión cuando le dijo el Espíritu: «Ahí te buscan tres hombres.
20Baja en seguida y ve con ellos sin vacilar, porque yo los he enviado.
21Bajó Pedro y dijo a los hombres: «Aquí tenéis al que buscáis. ¿A qué habéis venido?»
22Ellos dijeron: «El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, estimable de todos los judíos, ha recibido aviso de un santo ángel para hacerte ir a su casa y escuchar lo que le digas».
23Entonces los invitó a entrar y los hospedó. Al día siguiente se levantó y fue con ellos; le acompañaron algunos hermanos de Jope.
24Un día después llegaron a Cesarea. Cornelio, que los estaba esperando, había convocado a sus parientes y a los amigos íntimos.
25En cuanto Pedro entró, Cornelio salió a su encuentro y, cayendo a sus pies, le adoró.
26Pero Pedro lo levantó diciendo: «Levántate, que yo también soy un hombre».
27Y, conversando con él, entró; encontró allí a muchos reunidos,
28y les dijo: «Vosotros sabéis que no le está permitido a un judío tratar con un extranjero ni entrar en su casa. Pero Dios me ha enseñado a no llamar profano o impuro a ningún hombre;
29por esto, sin vacilar he venido cuando me habéis llamado. Ahora pregunto por qué motivo me habéis llamado».
30Cornelio respondió: «Hace cuatro días hoy que, a la hora de nona, estaba yo orando en mi casa, cuando en esto se presenta delante de mí un hombre con vestidos resplandecientes,
31que me dice: “Cornelio, tu oración ha sido escuchada y tus limosnas han sido recordadas en la presencia de Dios.
32Envía, pues, a Jope a llamar a Simón, el llamado Pedro. Este se hospeda en casa de Simón, el curtidor, junto al mar”.
33Al instante te envié aviso, y tú hiciste bien en venir. Ahora todos nosotros estamos aquí, en la presencia de Dios, dispuestos a escuchar las cosas que el Señor te ha ordenado».
34Pedro tomó entonces la palabra y dijo: «En verdad, comprendo que Dios no hace acepción de personas,
35sino que le es grata toda nación que le teme y practica la justicia.
36Ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciando la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
37Vosotros sabéis la noticia que se ha extendido por Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
38cómo ungió Dios a Jesús de Nazaret con Espíritu Santo y poder, el cual pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
39Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén, y cómo lo mataron, colgándole de un madero.
40A él lo resucitó Dios al tercer día y le hizo manifestarse,
41no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con él después de su resurrección de entre los muertos;
42y nos mandó predicar al pueblo y testificar que él es quien ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos.
43De este todos los profetas dan testimonio de que quien cree en él recibe, por su nombre, la remisión de los pecados».
44Todavía estaba Pedro diciendo estas cosas cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra.
45Los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron maravillados de que se hubiera derramado también sobre los gentiles el don del Espíritu Santo,
46pues los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces dijo Pedro:
47«¿Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a estos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?»
48Y mandó que los bautizaran en el nombre de Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedase algunos días.