Filipenses 3
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Por lo demás, hermanos míos, alegraros en el Señor. Escribiros las mismas cosas a mí no me resulta molesto y para vosotros es motivo de seguridad.
2¡Cuidado con los perros, cuidado con los malos obreros, cuidado con los de la mutilación!
3Pues nosotros somos la circuncisión, los que servimos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne,
4aunque yo podría confiar también en la carne. Si algún otro cree que puede confiar en la carne, yo más.
5Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos y fariseo, por lo que mira a la Ley;
6por lo que se refiere al celo, perseguidor de la Iglesia; respecto a la justicia que se pueda hallar en la Ley, llegué a ser irreprochable.
7Pero lo que eran para mí ganancias, eso lo considero por Cristo como pérdidas;
8porque todo lo estimo como pérdida y lo considero basura ante el sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien he sacrificado todas las cosas por ganar a Cristo
9y ser hallado en él, no como poseyendo mi justicia, la que procede de la Ley, sino la que se obtiene por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se funda sobre la fe;
10para conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, asemejándome a su muerte,
11por si logro alcanzar la resurrección de entre los muertos.
12No es que ya la haya alcanzado o que ya sea perfecto, sino que la persigo por ver si la alcanzo, por cuanto yo mismo he sido alcanzado por Cristo Jesús.
13Yo, hermanos, no creo haberla alcanzado, pero una cosa intento: olvidando lo que queda atrás, persigo lo que está delante,
14lanzándome hacia la meta, hacia el premio de la excelsa vocación de Dios en Cristo Jesús.
15Así pues, cuantos somos perfectos pensemos esto mismo; y si sentís de alguna otra manera, también esto os lo revelará Dios.
16En todo caso, cualquiera que sea el punto al que hayamos llegado, caminemos en esa misma dirección.
17Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que caminan según el modelo que tenéis en nosotros.
18Pues muchos andan, según os decía con frecuencia, y ahora tengo que repetiros con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo;
19su fin es la perdición, su dios es el vientre y su gloria la propia vergüenza, pues son los que saborean lo terreno.
20Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos también como Salvador al Señor Jesucristo,
21el cual transformará nuestro cuerpo de bajeza en cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.