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2 Corintios 5

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Pues sabemos que si esta tienda, que es nuestra mansión terrena, se deshace, tenemos otra casa que es de Dios, una morada eterna en los cielos, no construida por mano humana.

2Por eso gemimos en este estado, deseando revestirnos de nuestra mansión celeste,

3si es que nos hallamos vestidos, no desnudos.

4Pues los que moramos en esta tienda gemimos oprimidos, porque no queremos ser despojados sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

5Y es Dios quien nos ha destinado a eso, y quien nos ha dado por arras su Espíritu.

6Por tanto, siempre estamos animosos, sabiendo que, mientras moramos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor,

7pues caminamos en fe y no en visión.

8Pero a la vez, llenos de ánimo, preferimos salir de este cuerpo para estar junto al Señor.

9Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por agradarle;

10pues es preciso que quedemos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo que hizo en su vida mortal, bueno o malo.

11Por tanto, conociendo el temor del Señor, tratamos de persuadir a los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto; espero que lo estemos también ante vuestras conciencias.

12No volvemos a alabarnos ante vosotros, sino a daros ocasión de gloriaros por nosotros, para que podáis responder a los que se glorían superficialmente y no de corazón.

13Pues si hemos enloquecido, es por Dios; si somos sensatos, es por vosotros.

14Pues el amor de Cristo nos urge, al pensar que si uno murió por todos, luego todos murieron.

15Y murió por todos, para que no vivan ya para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16Así que, en lo sucesivo, no conocemos ya a nadie según la carne; y aunque conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.

17Por tanto, si uno está en Cristo, es nueva criatura. Lo antiguo pasó; todo se ha hecho nuevo.

18Todo procede de Dios, que nos ha reconciliado con Él por medio de Cristo, y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.

19Porque en Cristo estaba Dios reconciliando consigo al mundo, no tomándole cuenta de sus pecados, sino dándonos la palabra de la reconciliación.

20Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios os exhortara a través de nosotros. Os suplicamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios.

21A aquel que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que nos hiciéramos justicia de Dios en él.

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