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1 Timoteo 5

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1No reprendas con aspereza al anciano, sino exhórtalo como a padre; a los jóvenes, como a hermanos;

2a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

3Honra a las viudas que son verdaderamente viudas.

4Si una viuda tiene hijos o nietos, que aprendan primero estos a practicar la piedad con los de su propia casa y a corresponder a sus padres, pues esto es grato a los ojos de Dios.

5La que es viuda de verdad y está sola, puso su esperanza en Dios y persevera día y noche en plegarias y oraciones.

6Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.

7Ordena estas cosas para que sean irreprensibles.

8Si alguno no cuida de los suyos, y especialmente de los de su casa, ha renegado de su fe y es peor que un infiel.

9La viuda que se adscriba no sea de menos de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido

10y esté acreditada por las buenas obras: si educó bien a sus hijos, si practicó la hospitalidad, si lavó los pies a los santos, si socorrió a los atribulados, si se afanó en toda clase de obras buenas.

11No admitas, en cambio, a las viudas jóvenes, pues cuando les asaltan placeres contrarios a Cristo, quieren casarse,

12e incurren en condenación porque hicieron vana su primera fe.

13Además, al estar ociosas se acostumbran a ir de casa en casa: y no solo se vuelven ociosas, sino también charlatanas y curiosas, hablando de lo que no conviene.

14Quiero, por tanto, que las jóvenes se casen, que críen hijos, que sean señoras de sus casas, y que no den al enemigo ocasión alguna de hablar mal;

15pues ya algunas se han pervertido siguiendo a Satanás.

16Si alguna mujer fiel tiene viudas, que ella las asista y no se grave a la Iglesia, para que esta socorra a las que son verdaderamente viudas.

17Los presbíteros que ejercen bien su cargo sean tenidos en doble honor, sobre todo los que se dedican a la predicación y la enseñanza.

18Pues dice la Escritura: «No pondrás bozal al buey que trilla» y «el obrero es digno de su jornal».

19Contra un presbítero no admitas acusación, si no está respaldada por dos o tres testigos.

20Corrige a los que pecan en presencia de todos, para que también los demás sientan temor.

21Te conjuro, en presencia de Dios y de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos, que observes estas cosas, sin dejarte llevar de prejuicios ni favoritismos.

22No impongas las manos a nadie con precipitación; ni te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.

23No bebas ya agua sola, sino tómala con un poco de vino, a causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.

24Los pecados de algunos hombres son notorios, incluso antes de examinarlos en juicio; pero los de otros, solo después.

25Así también a veces las obras buenas son manifiestas, y las que no lo son, no pueden ocultarse.

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