1 Corintios 11
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.
2Os alabo porque en todo os acordáis de mí y mantenéis las tradiciones tal como os las transmití.
3Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; la cabeza de la mujer, el hombre, y la cabeza de Cristo, Dios.
4Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza;
5y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza; es como si estuviera rapada.
6Por tanto, si la mujer no se cubre, que se corte el pelo. Y si es vergonzoso para la mujer cortarse el pelo o raparse, que se cubra.
7El hombre no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del hombre.
8Pues no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre;
9ni fue creado el hombre por la mujer, sino la mujer por el hombre.
10De ahí que la mujer haya de llevar en la cabeza una señal de sujeción por razón de los ángeles.
11Por lo demás, ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin la mujer, en el Señor.
12Porque como la mujer procede del hombre, así también el hombre nace a través de la mujer. Y todo procede de Dios.
13Juzgad por vosotros mismos: ¿es conveniente que la mujer ore a Dios descubierta?
14¿No os enseña la misma naturaleza que es una ignominia para el hombre dejar crecer su cabellera,
15mientras que para la mujer es un honor si la deja crecer? Porque la cabellera se le ha dado como velo.
16De cualquier modo, si alguno desea discutir, nosotros no tenemos esa costumbre, ni las Iglesias de Dios.
17Y al encomendaros esto, no alabo vuestras reuniones, que os hacen más daño que bien.
18Pues primero oigo que, cuando os reunís en asamblea, hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo;
19pues es conveniente que haya entre vosotros desacuerdos, para que se pongan también de manifiesto entre vosotros los que son de probada virtud.
20Así, cuando os reunís en grupo, no es ya para comer la cena del Señor.
21Pues cada cual se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga.
22¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
23Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan,
24y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía».
25Asimismo también el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía».
26Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.
27Por lo tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.
28Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz.
29Porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación.
30Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y débiles, y bastantes mueren.
31Si nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.
32Pero al ser juzgados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33Así que, hermanos míos, cuando os juntéis para comer, esperaos unos a otros.
34Si alguno tiene hambre, coma en su casa, a fin de que no os juntéis para vuestro juicio. Lo demás lo dispondré cuando vaya.