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Mateo 18

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1El más grande en el reino de los cielos. En esta ocasión se llegaron a Jesús los discípulos para preguntarle: ¿Quién es, pues, el más grande en el reino de los cielos?

2Y Jesús, llamando a un niño, lo puso delante de ellos,

3y les dijo: Os digo de veras; si no volvéis a haceros como niños, no entraréis de ninguna manera en el reino de los cielos.

4Por consiguiente, el que se haga pequeño tal como este niño, será el más grande en el reino de los cielos.

5Y el que reciba a un niño de éstos por mi amor, me recibe a mí en persona. Gravedad del escándalo.

6Pero al que escandalice a uno de estos pequeñuelos que tienen fe en mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo arrojaran al fondo del mar.

7¡Ay del mundo por sus escándalos! Por necesidad han de venir los escándalos; pero ¡ay de aquel por cuya culpa vengan!

8Si tu mano o tu pie son ocasión de pecado para ti, córtalos y tíralos lejos de ti; más te vale entrar en la vida manco o cojo que tener dos pies o dos manos y ser arrojado al fuego eterno.

9Y, si tu ojo te es ocasión de pecado, arráncalo y tíralo lejos de ti; más te vale entrar con un solo ojo en la vida que tener dos y ser arrojado al fuego del infierno.

10Cuidado con tratar con desprecio a uno de estos pequeños; porque de veras os digo: Sus ángeles están de continuo en el cielo, viendo el rostro de mi Padre celestial.

11[Porque el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que había perecido]. La oveja perdida.

12Decidme: Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una, ¿no es verdad que dejará las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la que se había perdido?

13Y, si por fortuna la encuentra, de seguro que se pondrá más contento por ella que por las noventa y nueve que no se le habían extraviado.

14Así es voluntad de vuestro Padre celestial que no se pierda ninguno de estos pequeñuelos. La corrección fraterna.

15Si tu hermano comete un pecado, ve y corrígele a solas. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano para Dios.

16Si no te escucha, toma contigo una o dos personas para que todo el asunto sea reconocido por dos o tres testigos.

17Si no les da oídos, ponlo en conocimiento de la iglesia; y si ni a ésta quiere escuchar, tenlo por pagano o pecador.

18De veras os digo: Todo lo que atareis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra será desatado en el cielo. La oración en común de los discípulos de Jesús.

19Y más aún os digo: Si dos de vosotros os ponéis de acuerdo para pedir cualquier cosa en este mundo, os la concederá mi padre celestial.

20Porque donde estén reunidos dos o tres que tienen fe en mí, allí estaré yo en medio de ellos. El perdón de las ofensas. Parábola del siervo despiadado.

21Entonces se llegó Pedro a él para preguntarle: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano, si es que me ofende? ¿Hasta siete veces acaso?

22Jesús le respondió: Yo te digo: No hasta siete veces; sino hasta setenta veces siete.

23A propósito de esto, sucede con el reino de los cielos como con un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.

24Al comenzar a tomarlas, se le presentó uno que le debía diez mil talentos.

25Y, como no tenía con qué pagar, mandó el señor que fuesen vendidos él, su mujer y sus hijos y todos sus bienes, para que pudiese así pagar la deuda.

26Entonces el siervo cayó de hinojos ante él y le dirigió esta súplica: Ten un poco de paciencia, señor, y te lo pagaré todo.

27Movido a compasión del siervo, el señor lo dejó en libertad y le perdonó la deuda.

28Este siervo, apenas salió, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios; y agarrándolo por el cuello, lo quería ahogar, y le gritaba: Paga lo que me debes.

29Su compañero le suplicaba de rodillas: Ten un poco de paciencia y ya te lo pagaré.

30Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagase lo que debía.

31Viendo sus compañeros lo que había sucedido, se disgustaron no poco y fueron a contarlo todo a su señor.

32Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: Siervo ruin, yo te perdoné toda tu deuda porque me lo suplicaste.

33¿No era justo que también tú te compadecieses de tu compañero, como me compadecí yo de ti?

34Y, lleno de indignación, lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagase lo que debía.

35Así se portará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis cada uno a vuestro hermano de todo corazón.

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