Mateo 13
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Las parábolas del reino de los cielos Un día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar.
2Y se le juntó tal cantidad de gente que tuvo que entrar en una barca a sentarse para enseñar. La muchedumbre entretanto permanecía en la orilla.
3Y les habló de muchas cosas por medio de parábolas. La parábola del sembrador. Salió un sembrador a sembrar.
4Y, según iba sembrando, parte de la semilla cayó en el camino; vinieron los pájaros y se la comieron.
5Otra parte cayó en terreno rocoso, donde apenas había tierra; brotó en seguida, porque la tierra no era profunda;
6pero luego que salió el sol, se quemó y se secó, porque no tenía raíces.
7Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron.
8Otra parte cayó en tierra buena y produjo cosecha como de ciento, de sesenta y de treinta por uno.
9El que tenga entendimiento, que discurra. Razón de hablarles Jesús en parábolas.
10Y se le acercaron los discípulos a preguntarle: ¿Por qué les hablas en parábolas?
11Y él les respondió: A vosotros ha concedido Dios conocer los misterios del reino de los cielos; pero a ésos, no.
12Porque al que tiene, se dará; y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun aquello que tiene, se le quitará.
13Por eso les hablo en parábolas, porque, viendo, no ven; y, oyendo, no oyen ni entienden;
14y se cumple en ellos la profecía de Isaías que dice: Con vuestros oídos lo oiréis y no lo entenderéis; con vuestros ojos lo veréis y no lo conoceréis.
15Porque este pueblo se ha vuelto lerdo [de entendimiento y de corazón; y se han taponado los oídos, y han puesto un velo en sus ojos; de miedo a ver con claridad y oír distintamente, de miedo a entenderlo como es debido y a convertirse ¡no sea que yo les tenga que dar la salud!
16¡Pero dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen!
17Porque os aseguro que muchos profetas y santos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Explicación de la parábola.
18Escuchad pues vosotros lo que quiere decir la parábola del sembrador.
19Lo sembrado en el camino es todo aquel que oye la palabra del reino, pero sin entenderla; viene luego el maligno y arranca lo sembrado en su corazón.
20Lo sembrado en terreno rocoso es aquel que oye la palabra y la retiene al momento gozosamente;
21pero, al no tener raíces, no puede durar; y, apenas sobreviene la persecución por la palabra, sucumbe al instante.
22Lo sembrado entre espinos es aquel que escucha, sí, la palabra; pero los afanes mundanos y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin dar fruto.
23Pero lo sembrado en tierra buena es aquel que escucha la palabra y la entiende. Y da fruto ya como ciento, ya como sesenta, ya como treinta. Parábola de la cizaña.
24Les propuso otra parábola en estos términos: Se parece el reino de los cielos a un hombre que sembró semilla buena en su campo;
25pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
26Cuando ya el trigo erguía el tallo y apuntaba la espiga, salió también la cizaña.
27Los esclavos se dirigieron al amo y le preguntaron: ¿Señor, no era buena la simiente que sembraste en tu campo? ¿Cómo, pues, ha salido la cizaña?
28Y él les contestó: Eso es cosa de algún enemigo mío. ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, le preguntaron los esclavos.
29No, les contestó; no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo.
30Dejad que crezcan ambos hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y haced gavillas para quemarla; luego, recoged el trigo y llevadlo a mi granero. Parábola del grano de mostaza.
31Les propuso otra parábola en estos términos: Se parece el reino de los cielos al grano de mostaza que uno siembra en su campo.
32Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando llega a crecer, es la más grande de todas las hortalizas. Y llega a hacerse un arbusto, de modo que las aves del cielo vienen a posar en sus ramas. Parábola de la levadura.
33Y les dijo otra parábola: Se parece el reino de los cielos a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina hasta que fermenta toda la masa.
34Todas estas cosas dijo Jesús en parábolas a la muchedumbre y sin parábolas no les predicaba nada;
35cumpliéndose así lo anunciado por el profeta: Abriré mis labios para hablar en parábolas; declararé cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo. Explicación de la parábola de la cizaña.
36Y después que hubo despedido a la gente, regresó a su casa; y se le acercaron los discípulos para decirle: Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo.
37El les respondió así: El que siembra simiente buena es el Hijo del hombre;
38el campo es el mundo; la simiente buena, los ciudadanos del reino; la cizaña, los malos;
39el enemigo que la siembra es el demonio; la siega, el fin del mundo; y los segadores, los ángeles.
40Por lo tanto, del mismo modo que se recoge la cizaña y se echa al fuego para quemarla, sucederá al fin del mundo.
41El Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que de su reino aparten a todos los escandalosos y a todos los que obraron el mal.
42Y los arrojarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
43Pero los santos brillarán entonces como el sol en el reino de su Padre. El que tenga entendimiento, que discurra. Parábola del tesoro escondido.
44Con el reino de los cielos sucede como con un tesoro escondido en un campo; el que lo encuentra, lo esconde de nuevo; y lleno de alegría vende todo lo que tiene para comprar aquel campo. Parábola de la perla preciosa.
45Sucede también con el reino de los cielos como con un mercader que busca perlas preciosas.
46Cuando encuentra una de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra. Parábola de la red barredera. Conclusión.
47Sucede también con el reino de los cielos como con una red barredera que se echa en el mar y recoge toda clase de peces.
48Una vez llena, los pescadores la sacan a la orilla; se sientan y ponen en cestos los peces buenos y tiran los malos.
49Así sucederá al fin del mundo: Saldrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos;
50y los arrojarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
51¿Habéis entendido todo esto? Sí, le contestaron.
52Y añadió: Así pues, todo escriba adoctrinado en la escuela del reino de los cielos es como el amo de casa, que de su provisión saca lo nuevo y lo viejo. Incredulidad de los habitantes de Nazaret.
53Concluido que hubo Jesús estas parábolas, se alejó de allí;
54y, vuelto a su patria, los adoctrinaba en la sinagoga que tenían ellos. Y se admiraban y decían: ¿De dónde le ha venido a éste esa sabiduría y esos milagros?
55¿No es éste el hijo del carpintero? Su madre ¿no se llama María? Y sus hermanos ¿no son Santiago y José, Simón y Judas?
56¿No viven todas sus hermanas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le ha venido todo esto?
57Y terminaron por no creer en él. En vista de ello Jesús les replicó: No hay profeta sin honra sino en su patria y en su casa.
58Y, debido a su incredulidad, dejó de hacer allí muchos milagros.