Lucas 5
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Predica Jesús desde la barca a la multitud. Hallándose /par Jesús una vez junto al lago de Genesaret, fue agolpándose la gente en su derredor para escuchar la palabra de Dios.
2Y vio dos barcas a la orilla del lago; y, como los pescadores habían salido para lavar sus redes,
3entró en una de aquellas, que era de Simón, y le rogó que se alejase un poco de la orilla. Luego se sentó y comenzó a adoctrinar a su numeroso auditorio desde la barca. /par
4La pesca milagrosa. Cuando terminó de hablar, dio esta orden a Simón: Boga mar adentro y echad vuestra red para pescar.
5Maestro, le respondió Simón, toda la noche hemos estado trabajando sin descanso y no hemos pescado un pez; pero ya que tú lo mandas, voy a echar la red.
6Y después que la echaron, recogieron tal cantidad de peces que la red se rompía.
7Por lo que hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que viniesen a ayudarles. Acudieron ellos y de tal manera llenaron las dos barcas que poco faltó para que no se hundiesen. /par
8Vocación de los cuatro primeros discípulos. Al ver esto Simón Pedro, arrojóse a los pies de Jesús y le dijo: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
9El estupor se había apoderado de él y de sus compañeros por la cantidad de peces que acababan de pescar,
10lo mismo que de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, socios de Simón. Entonces se dirigió Jesús a Simón y le dijo: Ten ánimo. De hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.
11Y, después que atracaron las barcas a la orilla, lo dejaron todo para ir en su compañía. /par
12Jesús cura a un leproso. Hallábase una vez en una ciudad, cuando se presentó un hombre, cubierto de lepra; al ver a Jesús se postró de hinojos ante él, y le dirigió esta súplica: Señor, si tú quieres, puedes dejarme limpio.
13Extendió Jesús la mano, le tocó y exclamó: Quiero, queda limpio. Y al instante desapareció la lepra.
14Jesús le mandó que no lo dijese a nadie. Pero vete, le dijo, a presentarte al sacerdote; y como mandó Moisés, llévale la ofrenda por tu purificación para que certifique la verdad del hecho.
15Su fama se extendía cada vez más y una multitud de gente acudía en tropel para escuchar sus palabras y alcanzar remedio a sus enfermedades.
16Pero Jesús se retiraba a parajes solitarios, para entregarse a la oración. /par
17Jesús cura a un paralítico. Uno de los días en que estaba enseñando, tenía Jesús entre sus oyentes algunos fariseos y doctores de la ley, que habían venido de todos los lugares de Galilea, de Judea y de Jerusalén; y el poder de Dios le impulsaba a curar.
18Y en esto se presentaron unos hombres, que traían un paralítico en una camilla y andaban buscando modo de meterlo dentro para colocarlo ante él.
19Como no encontraban por dónde meterlo a causa del gentío que había, subieron a la azotea, y a través del techo lo bajaron con camilla y todo, poniéndolo en medio delante de Jesús.
20Al ver la fe de aquellos hombres, exclamó Jesús: Amigo mío, quedan perdonados tus pecados.
21Los escribas y fariseos comenzaron a pensar en su interior: ¿Quién es éste que profiere tales blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
22Pero Jesús, que penetraba sus pensamientos, tomó la palabra para decirles: ¿Qué es lo que estáis pensando?
23¿Qué es más fácil, decir: Quedan perdonados tus pecados, o decir: Levántate y anda?
24Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados, yo te lo mando (dijo dirigiéndose al paralítico): levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
25Levantóse al punto en presencia de todos, cargó con la camilla en que yacía, y se marchó a su casa, dando gloria a Dios.
26Todos quedaron como fuera de sí, y prorrumpieron en alabanzas a Dios; y, llenos de temor, exclamaban: De veras que hemos visto hoy maravillas. /par
27Vocación de Leví. Después de esto salió de la ciudad, y se fijó en un publicano, llamado Leví, que estaba sentado ante el puesto de aduanas. Sígueme, le dijo.
28Y Leví, dejándolo todo, se levantó para ir en seguimiento de Jesús. /par
29Convite en casa de Leví. Ofrecióle después Leví un gran convite en su casa; y acudió a comer un grandísimo número de publicanos y otros amigos suyos, que se pusieron a la mesa.
30Los fariseos y escribas comenzaron a criticar de los discípulos de Jesús diciéndoles: ¿Cómo es que coméis y bebéis en compañía de publicanos y pecadores?
31Jesús les respondió: No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos.
32No he venido a invitar a los justos a que se arrepientan, sino a los pecadores. /par
33Discusión sobre el ayuno. Y ellos replicaron: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y se entregan a la oración, e igual hacen los de los fariseos; sin embargo, los tuyos se dan a comer y beber.
34Jesús les respondió: ¿Podéis hacer ayunar a los convidados a las bodas mientras está el esposo con ellos?
35Ya vendrán días en que se les quitará el esposo y entonces, en aquellos días, ayunarán.
36Y les propuso también esta comparación: Nadie corta un trozo de paño a un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. Porque, si lo hace, estropeará el vestido nuevo; y el trozo que tomó de él, no encajará en el viejo.
37Tampoco echa nadie vino nuevo en cueros viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo romperá los cueros. Con lo cual se derramará el vino y además se echarán a perder los cueros.
38A vino nuevo, cueros nuevos.
39Nadie que tiene hecho el paladar al vino añejo, pide el nuevo, sino que dice: El añejo es mejor.