Lucas 18
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Parábola del juez inicuo y la viuda importuna. Les propuso una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desfallecer jamás.
2Había en una ciudad un juez que no tenía temor de Dios ni consideración con nadie.
3Y en la misma ciudad había una viuda que acudía muchas veces a él con esta petición: Hazme justicia contra mi adversario.
4Durante mucho tiempo no se la quiso hacer. Pero luego se dijo para sí: Es verdad que no tengo temor de Dios ni me importa un bledo por nadie;
5pero, como esta viuda se me está haciendo insoportable, le voy a hacer justicia para que no vuelva más a importunarme.
6Considerad, añadió entonces el Señor, lo que dice este inicuo juez.
7¿Y no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Será posible que se haga esperar?
8Os digo la verdad: Acudirá con toda prontitud a hacerles justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿pensáis que encontrará fe en la tierra? /par
9Parábola del fariseo y del publicano. Y, dirigiéndose a algunos que presumían de justos y tenían en menos a los demás, les propuso esta otra parábola.
10Dos hombres subieron al templo a hacer oración: uno de ellos fariseo y el otro publicano.
11El fariseo, puesto en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Oh Dios!, gracias te doy, porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano que está aquí.
12Ayuno dos veces a la semana y pago el diezmo de todos los bienes que poseo.
13El publicano, por el contrario, quedándose a cierta distancia, no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo; y se daba golpes de pecho, mientras iba repitiendo: ¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador!
14Os aseguro que éste, y no aquél, bajó justificado a su casa. Porque todo aquel que se ensalza será humillado. Y el que se humilla será ensalzado. /par
15Jesús y los niños. Querían también algunos presentarle unos niños para que pusiese las manos sobre ellos. Los discípulos, al observarlo, se molestaron y trataron de apartarlos;
16pero Jesús, haciéndolos venir junto a sí, exclamó: Dejad que los niños vengan a mí; y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.
17Creedme que quien no recibe el reino de Dios con las disposiciones de un niño, no entrará en él. /par
18El joven rico. Cierta persona de distinción le hizo esta pregunta: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?
19¿Por qué me dices bueno?, respondió Jesús. Nadie es bueno sino sólo Dios.
20Ya sabes los mandamientos. No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.
21Todo eso, le respondió él, lo he venido guardando desde mi juventud.
22Al oír Jesús aquellas palabras, le dijo: Todavía te falta una cosa. Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo. Luego sígueme.
23Oídas estas palabras de Jesús, quedó consternado, porque era persona muy adinerada. /par
24Peligro que suponen las riquezas. Y, al verlo Jesús de aquella suerte, exclamó: ¡Qué difícilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas!
25Porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios.
26Los que le estaban oyendo dijeron entonces: ¿Y quién se va a poder salvar?
27Lo que para los hombres es imposible, les respondió, es posible para Dios. /par
28Recompensa a la pobreza evangélica. Añadió entonces Pedro: Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos por seguirte.
29Yo os prometo, les respondió Jesús, que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por amor del reino de Dios,
30se quedará sin recibir mucho más en este mundo, y la vida eterna en el otro. /par
31Tercer anuncio de la pasión. Tomando aparte a los doce, les dijo: Ya veis que subimos a Jerusalén. Todas las cosas que fueron escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre, van a tener ya su cumplimiento;
32porque será entregado en poder de los gentiles, que le escarnecerán, le cubrirán de injurias y le escupirán al rostro.
33Y, después de haberle hecho azotar, le darán muerte; pero al tercer día resucitará.
34Pero no les cabía esto en la cabeza; eran cosas ininteligibles para ellos y no entendieron lo que les había dicho. /par
35Jesús cura al ciego de Jericó. Se encontraba ya cerca de Jericó. Un ciego estaba sentado cerca del camino pidiendo limosna;
36y al sentir el tropel de gente que pasaba, preguntó qué era aquello.
37Le respondieron que pasaba por allí Jesús de Nazaret.
38Por lo que gritó en alta voz: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.
39Los que iban en cabeza le reprendían para que callase, pero él levantaba cada vez más la voz gritando: Hijo de David, ten compasión de mí.
40Detúvose entonces Jesús; mandó que lo trajesen a su presencia; y cuando ya lo tenía junto a sí, le preguntó:
41¿Qué quieres de mí? Señor, le respondió, recobrar la vista.
42Recóbrala, le dijo Jesús, tu fe te ha salvado.
43Y al instante recobró la vista. Luego siguió a Jesús glorificando a Dios. Toda la gente que presenció el milagro prorrumpió en alabanzas a Dios.