Lucas 16
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Parábola del mayordomo sagaz. Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo; y le trajeron la acusación de que le estaba disipando la hacienda.
2Hízole llamar y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de tu manera de proceder? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante ya no vas a seguir de mayordomo.
3Entonces el mayordomo dijo para sus adentros: ¿Qué voy a hacer ahora, una vez que mi amo me quita la mayordomía? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Mendigar? Me da vergüenza.
4¡Ya sé qué hacer para, cuando me destituya, encontrar personas que me reciban en sus casas!
5Y fue llamando uno a uno a todos los deudores de su amo. Al primero preguntó: ¿Cuánto debes a mi amo?
6Cien barriles de aceite, le contestó. Toma tu factura, añadió él, siéntate en seguida y apunta sólo cincuenta.
7Preguntó después al segundo: Y tú ¿cuánto debes? Cien medidas de trigo, respondió. Toma tu factura, añadió él, y pon sólo ochenta.
8Y el amo alabó a aquel mayordomo infiel, por haber obrado sagazmente. Porque los hijos de este mundo son más sagaces en los negocios que tienen con sus semejantes, que los hijos de la luz. /par
9Recto uso del dinero. Estos consejos os doy: Granjeaos amigos con estas riquezas de pecado; para que, cuando vengan ellas a faltar, haya quien os reciba en las moradas eternas. /par
10Quien es fiel en lo poco es también fiel en lo mucho; y quien en lo poco es infiel también es infiel en lo mucho.
11Si, pues, no habéis sido fieles en el uso de estas riquezas de pecado, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?
12Y, si no habéis sido fieles en el uso de las que son cosa impropia de vosotros, ¿quién os condecerá las verdaderamente vuestras? /par
13Parábola del esclavo al servicio de dos amos. Ningún esclavo puede servir a dos amos; porque: o a uno aborrecerá y /par amará al otro, o se aficionará al primero y despreciará al segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. /par
14Avaricia de los fariseos. Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran avaros; y hacían burla de él.
15Jesús les dijo: Vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es digno de aprecio para los hombres es abominación para Dios. /par
16Propagación de la doctrina del reino de Dios. La ley y los profetas llegan hasta Juan; desde entonces se predica la buena nueva del reino de Dios y todos pugnan por entrar en él. /par
17Perennidad de la ley. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra que el que se frustre un ápice de la ley. /par
18Indisolubilidad del matrimonio cristiano. Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio, y el que se casa con la repudiada por el marido, lo comete también. /par
19Parábola del rico epulón y del pobre Lázaro. Había un hombre rico que vestía de púrpura y finísimo lino, y se regalaba todos los días con espléndidos banquetes.
20Y había también un mendigo, llamado Lázaro, que solía estar tendido ante la puerta. Estaba cubierto de úlceras,
21y deseaba saciar el hambre con las migajas que caían de la mesa del rico; y hasta los perros se llegaban a lamer sus llagas.
22Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió el rico y fue enterrado.
23Y en el infierno, en medio de los tormentos, levantó sus ojos el rico, y vio a lo lejos a Abraham, que tenía a Lázaro en su seno.
24Entonces gritó: Padre mío, Abraham, ten compasión de mí. Manda a Lázaro que, mojando la punta del dedo en agua, venga a refrescar mi lengua. ¡Que me estoy abrasando en estas llamas!
25Abraham le respondió: Hijo mío, acuérdate de que ya recibiste tus bienes en la vida. Lázaro, en cambio, recibió males. Ahora él recibe aquí consuelo, y tú tormento.
26Además de esto, Dios ha puesto de por medio entre nosotros y vosotros un abismo infranqueable; de manera que quienes de aquí quieran pasar a vuestro lado no /par puedan hacerlo; como tampoco pasar desde ahí hasta nosotros.
27Por favor, padre mío, insistió el rico, como tengo cinco hermanos, envíalo a casa de mi padre
28a prevenirles, para que al menos ellos no vengan a este lugar de tormentos.
29Pero Abraham le contestó: Ya tienen a Moisés y a los profetas: ¡que les hagan caso!
30No, padre mío Abraham, replicó el otro; que, si alguno, después de muerto, se les presenta, se convertirán.
31Si no quieren hacer caso a Moisés y a los profetas, tampoco se dejarán convencer, aunque resucite un muerto.