Juan 5
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›13º) Las obras de Jesús son obras del Padre (5,1-47) Jesús en la segunda fiesta en Jerusalén. Curación del enfermo de la piscina. Después de esto ce lebraban los judíos una fiesta, y subió Jesús a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Ovejas, una piscina llamada en hebreo Bezata, que consta de cinco pórticos.
3En ellos yacía una multitud de enfermos: ciegos, cojos, paralíticos, que esperaban la ebullición del agua.
4Un ángel descendía de tiempo en tiempo a la piscina; agitaba el agua; y el que primero se metía después que el agua se ponía en ebullición, quedaba curado de cualquier enfermedad que padeciese.
5Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6Al verlo Jesús tendido en su camilla y al enterarse del muchísimo tiempo que llevaba así, le dijo: ¿Quieres recobrar la salud?
7Señor, le respondió el enfermo, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se pone el agua en ebullición. Para cuando yo llego, ya ha bajado antes otro.
8Díjole entonces Jesús: Levántate, toma tu camilla y vete.
9Al instante quedó curado aquel hombre, cargó con su camilla y se fue por su propio pie.
10Discusión con los judíos sobre el descanso del sábado. Era sábado aquel día; por eso los judíos dijeron al que había sido curado: No puedes andar con la camilla a cuestas.
11El que me ha curado, les respondió él, me ha dicho: Toma tu camilla y vete.
12Preguntáronle entonces: ¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y vete?
13Pero el enfermo no sabía quién era; porque Jesús se había apartado de la muchedumbre que se hallaba en aquel lugar.
14Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: Ya ves que estás curado. No vuelvas a pecar más, no sea que te suceda cosa peor.
15Aquel hombre se presentó a los judíos y les comunicó que era Jesús quien le había devuelto la salud.
16Por eso, porque hacía tales cosas en sábado, los judíos perseguían a Jesús.
17Pero él les replicó: Mi Padre sigue haciendo obras todavía; y por eso las hago yo también.
18Era ésta una razón más por la que los judíos querían quitarle la vida; porque no sólo quebrantaba el descanso del sábado, sino que llamaba a Dios padre suyo, haciéndose igual a Dios.
19Discurso de Jesús sobre las obras. Jesús actúa en unión con el Padre. Tomó entonces Jesús la palabra para decirles: Os aseguro con toda verdad: No puede el Hijo hacer por sí solo cosa alguna sino lo que ve hacer al Padre. Lo que él hace, lo hace igualmente el Hijo.
20Porque el Padre ama al Hijo; le comunica todo lo que hace; y le comunicará todavía obras mayores que éstas. Tanto que quedaréis vosotros maravillados.
21Lo mismo que el Padre resucita a los muertos devolviéndoles la vida, así también el Hijo dispensa la vida a los que quiere.
22Y no juzga el Padre a nadie; todo el poder de juzgar lo ha puesto en manos del Hijo,
23a fin de que todos den al Hijo el mismo honor que dan al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre, que lo ha enviado.
24Con toda verdad os digo: El que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene vida eterna; y no sólo no incurre en condenación, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
25Creedme: Ha llegado la hora (y la estamos viviendo) en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la sigan recibirán la vida.
26Pues el Padre, como posee en sí mismo toda vida, ha concedido al Hijo ser a su vez el manantial de toda vida;
27y lo ha revestido de autoridad para juzgar, porque es el Hijo del hombre.
28No os maravilléis de esto. Hay más: Llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29y saldrán los que obraron el bien para resurrección de vida y los que obraron el mal para resurrección de condenación.
30Yo no puedo hacer nada sólo por cuenta mía. Yo dicto sentencia, según me comunica él; y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad, sino la de aquel que me ha enviado.
31Testimonio del Padre en favor de Jesús. Si me pongo a mí mismo como testigo de lo que declaro, mi testimonio no vale nada.
32Hay otro que sale fiador de mi persona; y sé muy bien que su testimonio es fidedigno.
33Vosotros mismos mandasteis a preguntar a Juan y él declaró en favor de la verdad.
34Pero no es que yo quiera invocar a mi favor declaración alguna prestada por los hombres. Si aduzco ésta, es mirando por vuestra salvación.
35Juan era la lámpara que arde y que ilumina; pero vosotros no habéis querido disfrutar de su luz sino por breve tiempo.
36Yo tengo un testimonio mayor que el de Juan. Las obras que el Padre me concede realizar (las mismas que hago) testifican que el Padre me ha enviado.
37El mismo Padre, que me ha enviado, da garantías sobre mi persona y mi actuación. Vosotros ni habéis oído nunca su voz ni habéis visto su semblante;
38ni su palabra reside en vosotros, pues no creéis en aquel que ha sido enviado por él.
39Os ocupáis en examinar las escrituras, pues pensáis encontrar en ellas la vida eterna; y, siendo ellas las que dan testimonio en favor de mi persona,
40no queréis venir a mí para tener vida.
41Incredulidad de los judíos. No recibo gloria de los hombres.
42Y conozco que no tenéis en vosotros el amor de Dios.
43Yo he venido en nombre de mi Padre, y vosotros no me recibís. Si viniera algún otro en nombre propio, seguro que lo recibiríais.
44¿Cómo es posible que lleguéis a creer vosotros, que andáis recibiendo gloria unos de otros, y no buscáis la verdadera gloria, la que procede de sólo Dios?
45No creáis que voy a acusaros yo ante el Padre. Hay otro que será vuestro acusador: Moisés, en quien tenéis puesta vuestra confianza.
46Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, ya que él escribió acerca de mi persona.
47Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?