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Hechos 21

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1De Mileto a Cesarea. Después de habernos separado de ellos, nos embarcamos, y fuimos derechos a Cos; al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara,

2donde encontramos una nave que hacía la travesía a Fenicia. Nos embarcamos y nos dimos a la mar.

3Luego dimos vista a Chipre, que dejamos a la izquierda; fuimos navegando hacia Siria; y por fin desembarcamos en Tiro, poque allí tenía que dejar la nave su carga.

4Buscamos y encontramos a los discípulos, y nos quedamos allí siete días. Ellos, inspirados por el espíritu, aconsejaban a Pablo que no subiese a Jerusalén.

5Pasados aquellos días, salimos, acompañados de todos, con sus mujeres y niños, hasta fuera de la ciudad; y, después de orar de rodillas en la playa,

6nos despedimos; nosotros subimos a bordo, y ellos se volvieron a sus casas.

7De Tiro vinimos a Tolemaida, terminando así nuestro viaje por mar; y después de saludar a los hermanos y de estar un día con ellos,

8salimos al día siguiente, llegando a Cesarea. Entramos en casa de Felipe, el evangelista, y nos hospedamos allí.

9Tenía él cuatro hijas vírgenes, que tenían el don de profecía.

10Predice Agabo la prisión de Pablo. Llevábamos allí varios días, cuando bajó de Judea un profeta, llamado Agabo,

11que vino a visitarnos. Y, tomando el cinturón de Pablo, y atándose pies y manos con él, dijo así: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre a quien pertenece este cinturón; y lo pondrán en manos de lo gentiles.

12Cuando escuchamos esta predicción, le instamos, tanto nosotros como los que se encontraban allí, a que no subiese a Jerusalén.

13Pero Pablo respondió: ¿Qué hacéis con llorar y abatir mi corazón? Yo estoy dispuesto, no sólo a dejarme atar, sino a morir en Jerusalén por el nombre de Jesús, el Señor.

14Como no se dejaba convencer, dejamos de insistir, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.

15VI. Pablo en Jerusalén. Su prisión (21,15-26,32) Llega Pablo a Jerusalén. Unos días después, hechos los preparativos para el viaje, emprendimos la subida a Jerusalén.

16Nos acompañaron algunos discípulos de Cesarea, que nos llevaron a hospedar a casa de Mnasón, un chipriota, discípulo de los primeros tiempos.

17A nuestra llegada a Jerusalén, fuimos recibidos gozosamente por los hermanos;

18y, al día siguiente, vino Pablo con nosotros a visitar a Santiago, reuniéndose también allí todos los presbíteros.

19Aconsejan a Pablo se purifique con los cuatro nazareos. Después de saludarlos, Pablo les fue contando una por una las maravillas que por su medio había realizado Dios entre los gentiles.

20Ellos glorificaron a Dios al escuchar sus palabras. Luego le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe; y cómo todos son observantes celosos de la ley.

21Pero les han hecho saber que a los judíos de la diáspora enseñas tú a desertar de la ley de Moisés; y que les dices que no circunciden a sus hijos, ni sigan las tradiciones mosaicas.

22¿Qué vas a hacer ahora? Ciertamente se han de enterar de que has llegado aquí.

23Haz, pues, lo que te vamos a decir. Tenemos aquí a cuatro hombres que tienen hecho voto de nazareato.

24Llévalos contigo; y junto con ellos cumple el rito de tu purificación; paga por ellos para que puedan dejarse rapar la cabeza; y así todos conocerán que no hay nada de lo que han oído decir de ti, sino que también tú sigues observando la ley.

25Por lo que se refiere a los gentiles que han abrazado la fe, ya les escribimos, después de madura deliberación, que se abstengan de las viandas ofrecidas a los ídolos, de comer sangre, de comer carne de animales ahogados y de la fornicación.

26Al día siguiente Pablo, acompañado de aquellos hombres, cumplió el rito de su purificación. Y así, anunciando el final de los días del nazareato, acudió con ellos al templo, hasta que terminasen de ofrecerse los sacrificios por cada uno.

27Motín de los judíos en el templo contra Pablo. Cuando ya estaban para cumplirse los siete días, judíos de la provincia romana de Asia, que lo vieron en el templo, alborotaron a toda la gente, y se apoderaron de él.

28Y a la vez gritaban: Israelitas, ayudadnos. Este es el hombre que a todos y en todas partes anda predicando contra nuestro pueblo, contra la ley y contra este templo. Y más todavía: hasta ha introducido paganos en el templo, profanando este lugar santo.

29Decían esto porque habían visto poco antes a Trófimo de Efeso, que lo acompañaba por la ciudad, y creyeron que Pablo lo había introducido en el templo.

30Se alborotó la ciudad entera, y se agolpó allí el pueblo tumultuosamente. Se apoderaron de Pablo, y lo arrastraron fuera del templo, cerrando en seguida las puertas.

31Arresto de Pablo. Ya trataban de lincharlo, cuando al tribuno de la cohorte dieron parte de que toda Jerusalén estaba amotinada.

32El tribuno tomó al momento soldados y centuriones, y bajó corriendo hacia ellos. Ellos, por su parte, apenas vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.

33Se acercó entonces el tribuno, y se apoderó de él, ordenando que lo atasen con dos cadenas. Luego preguntó quién era y qué había hecho.

34De la multitud unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no pudiese sacar nada cierto por el alboroto que había, mandó que lo condujesen a la fortaleza.

35Cuando llegó Pablo a la escalinata, tuvo que ser llevado en volandas por los soldados a causa de la furia del populacho.

36Y la multitud venía en masa detrás gritando: ¡Mátalo! ¡Mátalo!

37En el momento en que iban a meterlo en la fortaleza, Pablo dijo al tribuno: Por favor, ¿me permites decirte dos palabras? Y a su vez el tribuno le preguntó: ¿Sabes griego?

38Pero, ¿no eres tú el egipcio que hace unos días promovió una rebelión y se llevó consigo al desierto cuatro mil bandidos?

39No, respondió Pablo. Yo soy judío, nacido en Tarso, ciudadano de esta ilustre ciudad de Cilicia. Permíteme, por favor, dirigir la palabra al pueblo.

40Concedióselo él; y Pablo, de pie en lo alto de la escalinata, hizo señal con la mano en dirección al pueblo. Y en medio de un gran silencio, les dirigió en arameo este discurso:

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