2 Pedro 1
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Salutación epistolar. Simón Pedro, esclavo y apóstol de Jesucristo: A los que han recibido la misma preciosa fe que nosotros en virtud de la justificación conferida por nuestro Dios y salvador Jesucristo:
2Que la gracia y la paz abunden cada vez más entre vosotros mediante el perfecto conocimiento de Dios y de Jesús, nuestro Señor.
3I. Exhortación al crecimiento en la fe (1,3-21) Exhortación a la fidelidad a la vocación cristiana. Su divino poder nos ha concedido todo lo referente a la vida eterna y a la piedad mediante el perfecto conocimiento del que nos convocó por su propia gloria y virtud.
4Por ellas nos ha hecho merced de las preciosas y magníficas promesas para que así seáis partícipes de la divina naturaleza, escapando de la corrupción existente en el mundo por la concupiscencia.
5Por este motivo, poned todo vuestro empeño en unir a vuestra fe la probidad moral, a la probidad moral el conocimiento de Dios,
6al conocimiento de Dios el dominio de sí mismo, al dominio la constancia, a la constancia la piedad,
7a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad universal.
8Si estas virtudes se encuentran de hecho entre vosotros y van creciendo, os enriqueceréis de frutos preciosísimos que os llevarán al perfecto conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
9Quien de ellas carece es un ciego, un miope que da al olvido la purificación de sus antiguos pecados.
10Por eso, hermanos, poned más empeño todavía en consolidar vuestra vocación y elección. Si hacéis así, nunca jamás tropezaréis.
11De este modo se os concederá generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo.
12Ultimos avisos ante la proximidad de la muerte. Por esto tengo el propósito de traeros siempre a la memoria estas cosas, por más que las sepáis y estéis firmes en la verdad que al presente poseéis.
13Juzgo que es mi deber, mientras permanezca en esta tienda de mi cuerpo, teneros en continua alerta con estos avisos.
14Ya sé que pronto veré desmoronarse mi tienda, según me lo ha dado a conocer Jesucristo, nuestro Señor.
15Pero he de procurar que después de mi partida vayáis recordando en todo tiempo estas cosas.
16La voz de Dios y las profecías atestiguan la parusía de Cristo. No os dimos a conocer el poder irresistible de la parusía de Jesús por haber dado crédito a sutiles quimeras, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza y majestad.
17El recibió, en efecto, honor y gloria de parte de Dios Padre, cuando de la sublime gloria vino sobre él aquella voz que decía: Este es mi Hijo muy amado. En él tengo mis complacencias.
18Y nosotros oímos esta voz venida del cielo cuando con él estábamos en el monte santo.
19Y así tenemos por certísimas las palabras de los profetas que con mucha razón tomáis en cuenta. Son como lámpara que brilla en lugar oscuro hasta que amanezca el día y hasta que el lucero de la mañana se levante en vuestros corazones.
20Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la escritura es fruto de la interpretación propia (de cada autor).
21Ninguna profecía fue proferida jamás por voluntad de hombre alguno, sino que hablaron de parte de Dios hombres que eran movidos por el Espíritu Santo.