1 Timoteo 5
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1IV. Relaciones de Timoteo con los miembros de la iglesia (5,1-6,2) Del trato con los fieles en general. Al anciano no reprendas con dureza, sino exhórtale como a padre; a los jóvenes, como a hermanos;
2a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas con toda pureza.
3Normas referentes a las viudas encomendadas a la iglesia. Honra a las viudas que son verdaderamente tales.
4Y, si la viuda tiene hijos o nietos, que ante todo aprendan éstos a guardar respeto a los suyos y a dar en retorno lo que deben a sus progenitores. Esto agrada a los ojos de Dios.
5Pero la viuda que es verdaderamente tal, es decir, desamparada de todos, pone de una vez para siempre su confianza en Dios y persevera día y noche en plegarias y oraciones.
6La que se entrega a una vida frívola, está muerta en vida.
7Incúlcales esto para que no tengan nada que se les pueda reprochar.
8La que no mira por los suyos y en particular por los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que un infiel.
9No se admita en el grupo de las viudas ninguna de menos de sesenta años. Sea mujer que no se haya casado más de una vez;
10sea recomendada por sus buenas obras; que haya educado bien a los hijos; que haya ejercitado la hospitalidad; que haya lavado los pies a los fieles; que haya asistido a los atribulados; que haya sido solícita en toda suerte de beneficencia.
11Pero no admitas a viudas jóvenes; porque, cuando se entregan a una vida frívola, contraria a su decisión en Cristo, luego quieren casarse;
12y llevan la condenación por haber faltado a su primera fidelidad.
13Y a todo esto, no teniendo nada que hacer, se dedican a ir de casa en casa; y no sólo están ociosas, sino que se vuelven habladoras y entrometidas, hablando lo que no deben.
14Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, que críen hijos y gobiernen su casa y que no den al enemigo ningún motivo para hablar mal de nosotros.
15Que ya algunas se han extraviado en pos de Satanás.
16Si alguna mujer de la comunidad tiene viudas en su parentela, manténgalas; y que la iglesia no se vea gravada. Así podrá la iglesia mantener a las que son verdaderamente viudas.
17Del trato con los presbíteros. Los presbíteros que desempeñan bien su presidencia, sean dignos de doble remuneración; sobre todo los que se ocupan en la predicación y en la enseñanza.
18Dice a este propósito la escritura: No pongas bozal al buey que trilla. Y también: Digno es el obrero de su salario.
19No admitas acusación alguna contra un presbítero, si no viene apoyada por dos o tres testigos.
20A los que persistieren en faltar, corrígelos delante de todos, para infundir temor en los demás.
21Ante Dios, ante Cristo Jesús y ante los ángeles elegidos de Dios, te conjuro a que observes estas normas sin prejuicios, guardándote de toda parcialidad.
22No seas precipitado en imponer las manos a nadie ni te hagas cómplice de pecados ajenos. Guárdate limpio de pecado.
23Deja ya de beber agua sola. Toma un poco de vino para tu mal de estómago y por tus frecuentes achaques.
24Los pecados de algunos hombres son ya manifiestos aun antes de que los examines; los de otros, en cambio, lo son después.
25Lo mismo sucede con las obras: Las buenas vienen a descubrirse; las otras no pueden quedar siempre ocultas.