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1 Juan 4

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Tercera condición: Guardarse de los anticristos y del mundo. Carísimos, no os fiéis de cualquier espíritu. Examinadlos si provienen de Dios, porque se han presentado muchos falsos profetas en el mundo.

2En esto podéis conocer el espíritu de Dios: Todo espíritu que proclame que Jesús es el Cristo venido en carne, es de Dios.

3Pero el espíritu que no reconozca a Jesús, no es de Dios; es del anticristo, de quien habéis oído que está por llegar. Y, mirad, ya está ahora en el mundo.

4Vosotros, hijitos míos, sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.

5Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo y el mundo los atiende.

6Nosotros, en cambio, somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha. El que no es de Dios no nos escucha. En eso distinguimos al espíritu de la verdad y al espíritu del error.

7III. La verdadera caridad y la verdadera fe (4,7-5,12) El verdadero amor nace de Dios. Carísimos, amémonos mutuamente, porque el amor procede de Dios. Y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce.

8Quien no ama, no ha conocido a Dios porque Dios es amor.

9En esto se ha manifestado el amor de Dios para con nosotros: En que ha enviado al mundo a su Hijo, a su Unigénito, para que recibamos la vida por él.

10En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que primero nos ha amado él y nos ha enviado a su Hijo como víctima expiatoria por nuestros pecados.

11El amor a Dios exige el amor fraterno. Carísimos, si en verdad Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos mutuamente, Dios mora en nosotros; y su amor en nosotros ha alcanzado su última perfección.

13En esto conocemos que permanecemos en él y que él permanece en nosotros: En que nos ha hecho participantes de su espíritu.

14Y nosotros lo hemos visto y damos de ello testimonio: El Padre envió a su Hijo como salvador del mundo.

15Todo aquel que reconozca y proclame que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.

16Y nosotros hemos reconocido y hemos creído en el amor que tiene Dios para con nosotros. Dios es amor; y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.

17En esto ha alcanzado en nosotros su perfección el amor: En que tenemos plena seguridad y confianza en el día del juicio; porque tal como es él, somos nosotros en este mundo.

18En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor; porque el temor supone el castigo; y el que teme no es perfecto en el amor.

19Por lo que mira a nosotros, amamos a Dios porque él nos amó primero.

20Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero aborrece a su hermano, miente. Porque quien no ama a su hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios a quien no ve.

21Y éste es el mandamiento que hemos recibido de él: Quien ama a Dios, que ame también a su hermano.

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